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¿Sabes por qué «el trabajo puede ser un camino a la felicidad»?

Por Valentina Rausseo
abril 7, 2022

De acuerdo con la perspectiva de Sigmund Freud, el trabajo puede ser un camino a la felicidad porque este posee cualidades suficientes para ser un medio hacia la plenitud en la vida.

No obstante, esto podría sonar un poco loco. Y es que el trabajo, por lo general, representa un perfecto sinónimo de aspectos negativos, más que positivos, pues nos hace experimentar o vivir en carne viva la obligación, el cansancio, la monotonía, el sufrimiento y el desagrado.

Incluso, si de etimologías tenemos que hablar, encontraremos que la palabra «trabajo» deriva del latín tripaliāre, «torturar», la cual procede, a su vez, del vocablo tripalium, «instrumento de tortura compuesto de tres maderos». Esto, según la Real Academia Española y el filólogo Joan Corominas.

Por lo tanto, no resulta para nada sencillo asociar el trabajo con una vía hacia la felicidad plena. Y en base a ello, ¿cómo podríamos entonces convertirlo en un instrumento o trampolín hacia el tan deseable propósito de ser felices?

Al respecto, te mostraremos una muy particular opinión de Freud extraída de El malestar en la cultura, uno de sus trabajos tardíos, publicado cuando tenía 74 años de edad.

Cuando no hay una disposición particular que prescriba imperiosamente la orientación de los intereses vitales, el trabajo profesional ordinario, accesible a cualquier persona, puede ocupar el sitio que le indica el sabio consejo de Voltaire [«cultivar cada cual su jardín», en Cándido]. En el marco de un panorama sucinto no se puede apreciar de manera satisfactoria el valor del trabajo para la economía libidinal. Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana. La posibilidad de desplazar sobre el trabajo profesional y sobre los vínculos humanos que con él se enlazan una considerable medida de componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confiere un valor que no le va en zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad. La actividad profesional brinda una satisfacción particular cuando ha sido elegida libremente, o sea, cuando permite volver utilizables mediante sublimación inclinaciones existentes, mociones pulsionales proseguidas o reforzadas constitucionalmente. No obstante, el trabajo es poco apreciado, como vía hacia la felicidad, por los seres humanos. Uno no se esfuerza hacia él como hacia las otras posibilidades de satisfacción. La gran mayoría de los seres humanos sólo trabajan forzados a ello, y de esta natural aversión de los hombres al trabajo derivan los más difíciles problemas sociales.

Ahora, a fin de comprender un poco por qué ha sido este el punto de vista del fundador del psicoanálisis desde entonces, es importante mencionar que el trabajo fue un sostén de suma importancia en su vida a nivel subjetivo, y en prácticamente todas las épocas.

Su incansable curiosidad, su tenacidad y su deseo de abrir brechas trascendentes en la investigación psicológica, además de algunos otros rasgos de su vida, estuvieron conectados con el valor profundo que Freud le otorgó al trabajo y, por tal motivo, surgió este poderoso concepto…