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¿De qué trata el síndrome de Estocolmo laboral?

Por Valentina Rausseo
abril 5, 2022

El síndrome de Estocolmo, también conocido como síndrome de Helsinki, es el nombre que recibe el comportamiento de toda víctima que ha alcanzado el punto de vincularse afectivamente con su victimario. Esto, hasta llegar al nivel de preferir permanecer a su lado que enfrentarse a una vida sin estar sometido(a) al mismo, o bien, mostrarse decepcionado(a) una vez que el riesgo ha desaparecido, y con él, los culpables.

Este síndrome se manifiesta, principalmente, dentro del campo de la psicología clínica y en el análisis de comportamiento de equipos y grupos vulnerables a situaciones de plagio y/u hostigamiento.

A través de dichos análisis, ha sido posible observar ese tipo de vínculo víctima-agresor, e incluso, se han tenido noticias de casos relacionados al mismo cuando hablamos de rehenes, practicantes de un culto, abuso psicológico, prisioneros de guerra, tráfico de meretrices, e incesto, como se expone en la referencia que hace la amplia red al momento de consultarse este fenómeno.

La pregunta es… ¿Puede el síndrome de Estocolmo llegar hasta el ámbito laboral? ¡Por desgracia, sí!

El síndrome de Estocolmo laboral, como ha sido oficialmente denominado, «es una variación sutil de su predecesor clínico» y, aun cuando posee características particulares, se encuentra directamente relacionado a los hechos que dieron origen a su nombre.

En otras palabras, es la conducta de apego, identificación, e inclusive, vinculación psico-afectiva de la persona (o grupo de personas) a empresas y compañías cuyas condiciones de trabajo y/o métodos gerenciales son hostiles, incorrectos y reprochables.

Esta rama del síndrome de Estocolmo se diferencia del clínico debido a que la víctima no ha sido forzada o sometida a cautiverio por terceros; por el contrario, ha ingresado por voluntad propia y se mantiene atada a ese escenario bien sea porque es incapaz de visualizar su vida sin las presiones, maltratos y limitaciones en las que se encuentra, o porque es absorbida por cantidades, a veces utópicas, de razones que le impiden zafarse del mismo, independientemente de que en ambos casos encuentran ventajas dentro del escenario que coinciden con sus aspiraciones.