La asertividad es un concepto imprescindible para las relaciones humanas, pues más allá de la comunicación, es fundamental dar un contexto adecuado a cada mensaje, para así, en consecuencia, poder gestionar cada situación.
Qué importante es saberse expresar y qué descuidado está este tema en nuestros tiempos. Es evidente que no todo el mundo tiene esas habilidades para comunicarse, pero el hecho de poner en práctica las herramientas adecuadas, nos traerá muchos beneficios.
Enviar mensajes claros, ser escuchados con más facilidad, mejorar nuestras relaciones interpersonales y crear vínculos duraderos, son solo algunos de los elementos positivos que podemos obtener al mantener una comunicación asertiva y apropiada con nuestros compañeros del trabajo.
4 consejos para tener una comunicación asertiva
- Equilibra la claridad con la prudencia
Aunque parezca una sugerencia elemental, es vital tener un lenguaje respetuoso cuando nos dirigimos a alguien. Al tratar temas importantes, como los relacionados con el mundo laboral, debemos ser prudentes en cada comentario. La confianza derivada del compañerismo y del tiempo compartido no debe inhibir el respeto que tiene que existir entre los involucrados.
Asimismo, es crucial ser lo más claros posibles en cada pregunta, respuesta o indicación. Di las cosas en el momento, explícalas, muestra tu punto de vista con claridad y prudencia. Evita ser tan rebuscado o manejar un lenguaje rimbombante con tus pares. Mientras más preciso y conciso, mejor.
- Entiende que no todos somos iguales
Lo que para ti puede ser elemental, para otra persona puede ser todo un descubrimiento. Siempre mira las cosas desde un punto plural, porque tu realidad no es la de todos. No asumas que el otro ya sabe algo por el simple hecho de que se lo dijiste, más bien asegúrate de que todo haya quedado claro.
Dale la oportunidad a tu interlocutor de expresarse, en el caso de que haya sido confuso para él o de que le haya quedado alguna duda. Te aseguro que hacer las cosas de esta forma te evitará muchos retrasos y optimizará los resultados en el futuro.
- No supongas, pregunta
Este punto viene muy anclado al anterior, porque si supones, dejas mucho margen de error. Pregunta tantas veces como sea necesario. Las preguntas tontas son las que no se hacen. Siéntete en la libertad de expresarte en función de la claridad.
Es posible que todos en la sala se vayan con la misma duda que tú solo porque nadie se atrevió a preguntar. Recuerda que si estás ocupando este rol es porque tienes la capacidad de ejercer tus labores con eficiencia. Preguntar no te hace menos profesional, te hace más sabio.
- Mantén el control sobre tus emociones
A veces, nos metemos tan de lleno en una situación, que no podemos ver el contexto. No te entregues a lo que un comentario, éxito o fracaso te hizo sentir. Así como en la vida, en el trabajo, las cosas pasan. Hay momentos para felicitar y ser felicitado, así como para hacer un llamado de atención o que te lo hagan a ti.
Mientras mantengas control sobre tus emociones, será mucho más sencillo hacer frente a los problemas que surjan. Las soluciones siempre son el objetivo. Céntrate en tu rol y en la forma en la que, a través de él, puedes cambiar las cosas para bien. A veces no tiene que ver directamente contigo, no siempre es tu culpa, y no es el fin del mundo. Es algo que pasó, y ya.
El mundo laboral es un eso, un mundo. Hay experiencias de todo tipo, personas de costumbres diversas y situaciones de cada tantas. Así pases toda la vida en el mismo trabajo o varíes de vez en cuando, siempre habrá alguien más para conocer y una lección que aprender.
Tu posición ante ello definirá gran parte de tu situación. Sé ético, profesional, proactivo y resolutivo. No dejes que todo lo bien que tu trabajo habla de ti, se vea opacado por tus problemas para relacionarte. Si no es tu caso, te felicito por saber manejarte en esos aspectos. Y si lo es, tranquil@, al terminar de leer este artículo ya estarás trabajando en ello.
